
POR: JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR
Un terremoto de magnitud 7.4 en la escala de Richter sorprendió a Colombia el pasado 10 de agosto, afectando considerablemente a la zona cafetera, a Cali, Pereira, Manizales, Armenia, Quibdó y muchas poblaciones del área de influencia.
El Gobierno Nacional ya ha anunciado que el posible costo para atender la emergencia y la reconstrucción de las zonas de desastre puede ser de alrededor de los treinta billones de pesos, es decir, una suma igual al déficit que presenta en el momento el presupuesto nacional, que va a requerir necesariamente de una ley de financiamiento.
Algo similar paso en 1999 cuando el terremoto del eje cafetero. El desastre de entonces fue mayor y más concentrado, cuando se sintió nuevamente la fuerza de naturaleza, que años antes había sacudido a Popayán y las poblaciones del Cauca.
Estas experiencias ya le han dado al país un conocimiento acerca de lo que debe hacerse para manejar desastres similares. Como lo ha dicho el Dr. Luis Carlos Villegas, en gran director de la emergencia de 1999, lo primero es atender la emergencia; lo que supone albergues temporales para los afectados; suministros de toda clase; los niños necesitan estudiar, hay que preparar las aulas para sacarlos del entorno de la tragedia; hay que alistar la institucionalidad.
Hay que coordinar todo ese orden civil para que actúe al lado del Estado. Es necesario escuchar a la gente sobre sus necesidades. Hay que hacer un censo de los afectados; viviendas afectadas y caídas.
Es muy posible que hoy tengamos 500.000 afectados y el costo por afectado puede ser de unos seis o siete mil dólares. Cuando se pase a la reconstrucción, hay que acudir a todas las fuentes de financiación. Las ayudas son fundamentales para la mitigar la emergencia; pero son un mero paliativo del costo total de reconstrucción del desastre. Necesariamente hay que acudir al presupuesto nacional y a todas las fuentes de financiación posibles: emitir bonos, reperfilar la deuda, más endeudamiento, algo de impuestos, etc.
El FOREC como modelo administrativo para la atención del desastre y la reconstrucción fue comprobadamente exitoso. Además, de que impidió que metieran la mano los políticos ambiciosos que pescan en río revuelto. Se sorprendieron los corruptos y se mantuvieron alejados; se comunicó adecuadamente todo el proceso. Un modelo como ese, debidamente actualizado, se requiere en estos momentos.
Las donaciones no suman más del tres por ciento del requerimiento de capital, pero su impacto es fundamental para despertar la solidaridad nacional. Hay que ponerle un orden absoluto, a través de las organizaciones no gubernamentales.
La gente hace la auditoria; además, de la Procuraduría y la Contraloría.
La dirección y coordinación por la Presidencia de la República es esencial; tanto para atender la emergencia como para la reconstrucción. Se deben superar los intereses políticos locales.
Al Presidente de la República se le duplicó el problema fiscal a los dos días de posesionado. Necesita del apoyo y acompañamiento de todos los colombianos.






