Por: Omar Jiménez
Qué desafortunado comentario el del expresidente Petro sobre alias Bendito Menor, como si después de años de violencia, asesinatos y sometimiento a las comunidades, el Estado tuviera que explicarse por utilizar su fuerza contra quienes decidieron enfrentarlo.
Los diálogos no eran un derecho adquirido de los criminales ni una concesión eterna. Ellos tuvieron la oportunidad de someterse, y en cambio, decidieron continuar en el delito y las consecuencias no pueden ser menores a como sucedió, someterlos a sangre y fuego, porque no puede existir una política de seguridad en la que el criminal conserve indefinidamente la posibilidad de disparar mientras el Estado se queda condenado a medir cada respuesta con una cautela que el delincuente jamás tuvo con sus víctimas.
Por supuesto que la captura es el propósito cuando puede hacerse para eso existe la justicia, pero cuando quienes portan las armas enfrentan a quienes tienen la obligación constitucional de combatirlos, la Fuerza Pública tiene que poder ejercer la fuerza legítima del Estado sin que cada operativo termine convertido en un juicio político contra quienes cumplieron con su deber.
Hay una diferencia elemental que conviene no perder de vista, una cosa es defender el debido proceso y otra es terminar construyendo un discurso de indulgencia alrededor del victimario. El Estado tiene obligaciones frente al criminal, pero también, y principalmente, frente al ciudadano que espera poder vivir sin que una estructura armada decida sobre su vida.
A Bendito Menor se le ofrecieron caminos distintos al de las armas, él eligió permanecer en ellas. La responsabilidad por esa decisión no puede trasladarse a los policías y militares que finalmente tuvieron que enfrentarlo y hacer lo que había que hacer, darle bala.
La autoridad democrática no consiste en negociar indefinidamente con quien delinque, consiste en que, llegado el momento, el Estado tenga más fuerza que el criminal y la voluntad política de utilizarla dentro de la ley, en hora buena por el presidente Abelardo de la Espriella por este tipo de acciones militares.
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