
POR: JAIME ALBERTO ARRUBLA PAUCAR
Las campañas presidenciales deberían ser el escenario para escuchar los programas que los candidatos proponen a los electores para gobernar el país en caso de ser elegidos y se ha vuelto usual que se convengan debates televisados, donde periodistas pregunten a estos candidatos por sus propuestas y la forma como resolverían ciertos problemas que vive el país. La actual contienda se caracteriza por la ausencia de programas y de debates.
Recientemente hemos visto como un debate puede convertirse en decisivo para la suerte de los candidatos. Vimos al Presidente Joe Biden de los Estados Unidos enfrentado al candidato Trump, con un desempeño desastroso que lo obligó a dejar sus pretensiones presidenciales en manos de Vicepresidenta.
Por el riesgo que implica, los candidatos que van en la retaguardia quieren los debates y quienes se sienten triunfadores los rehúyen. Hace cuatro años, el candidato Rodolfo Hernández dijo que no asistiría a debates, y el Presidente Uribe, en su reelección tampoco asistió, no obstante las protestas de su contraparte Carlos Gaviria. Sin embargo, en la primera campaña, Uribe debatió con Serpa y su política de seguridad, lo disparó en las encuestas. Andrés Pastrana fue oportuno respondiendo en el debate que no extraditaría a Ernesto Samper
La controversia de ideas, se aprecia en estos debates, que son el espacio ideal para atraer indecisos o espantar decididos; sin embargo, a veces se convierten en espectáculo o patanería; vimos hace algún tiempo a Antanas Mocus arrojando un vaso de agua a Horacio Serpa, quién reaccionó serenamente ante la extraña forma de lenguaje que acostumbraba su contrincante, que lo llevó a bajarse los pantalones dos veces en el Congreso.
En la actual contienda, pasamos de una negativa por parte del candidato del Pacto Histórico, a una aceptación del debate Con Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella. Algo pasó, pues creíamos que no se harían debates, por lo menos con la intervención de Ivan Cepeda. Esto indica, que ninguno de los que encabezan hoy en las encuestas está seguro de ganar las elecciones y el debate, aunque riesgoso, es una oportunidad de consolidarse conquistando indecisos, pues sus partidarios, ya los tiene en sus filas.
No creemos que haya sido la reacción a unas demandas de tutela, a todas luces improcedentes, que se venían anunciando para obligarlo a debatir. La gente destinataria de estos procesos democráticos bien puede enterarse de las propuestas leyendo los programas de los candidatos, asistiendo a sus foros y concentraciones públicas; pero de allí, a decir que el candidato está obligado a debatir porque se trata de un derecho fundamental del elector, el tener .que asistir obligatoriamente a los debates, es por lo menos un despropósito democrático.
La discusión ahora se centra es quienes asistirán a los debates; si solamente los que encabezan las encuestas y aparecen por posibilidades serias de ser elegidos, o si deben asistir todos, incluyendo a quienes no repuntan en ellas.







