Invitados en la Fiesta del Libro y La Cultura

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¿Recuerdas a algunos de los autores y demás invitados que han hecho parte de la Fiesta del Libro en cada una de sus versiones? ¿Recuerdas la luz y la fuerza de sus ideas y palabras? Aquí te contamos la historia de algunos de esos hombres y mujeres que han llegado a la Fiesta para compartir con todos nosotros sus visiones de la vida y el mundo. Te invitamos a leer y a unirte a la 11ª Fiesta del Libro y la Cultura para conocer a los invitados que nos acompañaran este año.

*Este capítulo hace parte del libro 10 años de Fiesta, historias de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. Un libro que puedes descargar aquí.

Dicen que soñar no cuesta nada. Por eso en 2008, apenas para la segunda versión, en medio de la eterna dinámica de “trabajar-soñar-trabajar”, al equipo de organizadores de Fiesta se les empezó a ocurrir lo improbable: invitar a un premio Nobel.

“Oíste, si para la primera trajimos a Baricco, para esta ya nos deberíamos arriesgar con un Nobel, ¿no creés?”, dijo alguno medio en broma. “Yo sí creo”, respondió otro por seguir con la charla. Y aunque apenas faltaban tres meses para que iniciara la Fiesta y no eran muy conscientes de lo que podía llegar a costar, decidieron enviarle una invitación a cada uno de los nobel de literatura vivos a ver si alguno aparecía.

Aparecieron dos: Derek Walcott y Wole Soyinka, ambos diciendo muy amablemente que no. Pero Soyinka, quien ya había estado en una oportunidad en el Festival Internacional de Poesía de Medellín y sentía profunda admiración y cariño por el proceso de transformación de la ciudad, finalmente decidió venir, costear él mismo su viaje y no aceptar ni uno solo de los 28 mil dólares que solía cobrar por conferencia en ese entonces.

Suerte de primíparos, dirán unos. Amores que despiertan estas ciudades que renacen, dirán otros.

Lo cierto es que el poeta surafricano estuvo en Medellín en una feria del libro que apenas iniciaba y su visita dejó un saborcito a “esto sí es posible” y otro a “hay mucho por aprender”. Jorge Melguizo recuerda con humor que aunque a los editores y libreros se les dijo que el Nobel vendría, nunca creyeron que fuera verdad y “en toda la Fiesta no hubo un solo libro para que él firmara. Soyinka estuvo en Medellín y nadie le pudo pedir un autógrafo”.

Juan Diego Mejía recuerda también que muchos al verlo caminar por el Jardín Botánico juraban estar viendo al negro Billy, una leyenda de la Medellín bohemia. “Un personaje muy querido aquí, un viejo compañero de los nadaístas que cantaba y encantaba con sus spirituals y su voz de bajo. Cuando pasaba Soyinka la gente decía con cariño: mirá, ahí va el negro Billy, porque nadie creía que un premio Nobel estuviera en la Fiesta”.

Alessandro Baricco y Wole Soyinka hacen parte de ese mito fundacional de la Fiesta del Libro y la Cultura de Medellín. También Fernando Vallejo, quien aunque nunca ha aceptado participar como invitado, alguna tarde de esos primeros años se apareció como un visitante cualquiera y se detuvo frente a Melguizo para decirle: “usted es el organizador de esto, ¿cierto?”. “Sí, señor”, le respondió él pensando que lo regañaría por algo. “Pues lo felicito, a mí no me gustan las ferias del libro, pero esta sí me gusta”. Y como un piropo de Fernando vale lo que vale, media Medellín se enteró de lo que dijo.

Pero más allá de los grandes autores y de todas las anécdotas Fiesta ha sido, desde sus primeras versiones, un escenario de encuentro para muchas voces, pues se ha tenido la claridad de que la lectura es sobre todo un elemento potentísimo de ampliación de perspectivas de vida y que el libro no es terreno exclusivo de la literatura.

Por Fiesta han pasado a compartir sus visiones del mundo directores de cine, políticos, científicos, bibliotecólogos, artistas plásticos, investigadores sociales, militares, pedagogos, personajes provenientes de contextos muy diversos y de saberes plurales.

“En algún momento vino Rubén Blades a hablar de salsa y crónica. También invitamos a la sexóloga puertorriqueña Alessandra Rampolla y al mismo tiempo a Luis Váldez, maestro del teatro campesino en Estados Unidos; y a Carlos Prieto, violonchelista y escritor mexicano. Hemos tenido a Joe Broderick, Daniel Pécaut, Alfredo Molano y León Valencia conversando sobre qué hay que leer para entender a Colombia”, dice Guillermo Cardona rememorando algunos episodios.

Y es ese no prejuicio y apertura en la programación académica y cultural el que ha permitido: por una parte el tan necesario diálogo entre diferentes disciplinas y, por otra, que este evento no se quede en una cuestión de nicho, es decir, en algo solo para el sector del libro, sino que se extienda y convoque a muchos más públicos.

Porque como dice María Rosa Machado: “en las plataformas culturales a veces sucede que a eventos de música solo van los músicos; a teatro, los teatreros y sus amigos, pero Fiesta es un lugar de encuentro para todas las áreas, un espacio holístico donde todas las disciplinas y artes son válidas”.

Y aquí hay que reconocer el papel que han jugado tanto Guillermo Cardona, quien fue director de Fiesta desde 2007 hasta 2012, como Juan Diego Mejía, quien la dirige desde 2013 hasta hoy. Ambos escritores y ambos conscientes de la importancia de persistir en ese ejercicio intelectual de buscar y encontrar nuevas voces y propuestas que enriquezcan la oferta de Fiesta.

“Siempre hemos tratado de hacer una pesquisa de nombres que le puedan servir al panorama de los ciudadanos en Medellín y en esta región. Nuestro equipo lee durante todo el año a autores que son desconocidos en la ciudad y nos encargamos de invitarlos y de hablar con las editoriales para que traigan sus libros, porque la idea es que cada vez que termine Fiesta quede el recuerdo de una serie de escritores y personajes que antes no conocíamos y que gracias a esto pasan a ser como nuevos amigos”, dice Juan Diego.

Nuevos amigos como Janne Teller, Wells Tower, John Wray o Nell Leyshon, novelista y dramaturga inglesa, quien en 2015 presentó en la feria Del color de la leche. Y en cuya charla ocurrió uno de esos hechos pequeños y a veces tan comunes, pero significativos, porque hacen sentir que esta apuesta por el libro y la cultura vale mucho la pena.

Al conversatorio de Nell llegó Andrea Londoño, una mujer que lidera un proyecto que busca posicionar el trabajo de las empleadas domésticas como un asunto de derechos, y para el equipo de Fiesta fue conmovedor ver cómo después de la charla ella se le acercó a Nell para contarle sobre la situación de estas mujeres en Colombia. Las dos lloraban al identificar tantas similitudes entre la vida de una joven de la Inglaterra del siglo XIX, como Mary, el personaje de su novela, y lo que viven las empleadas domésticas hoy aquí. Una anécdota sencilla que probablemente se ha repetido en muchas otras charlas y momentos de Fiesta.

“Que pase esto es muy valioso, porque por una parte hemos procurado que la programación académica sea muy variada y abarque temáticas muy distintas, pero también que esos temas sean tratados con un lenguaje muy cercano a la gente, pues nos interesa atraer a las charlas a la ciudadanía lectora, pero también a la no lectora, que se sientan convocados e incluidos. Eso ha sido muy importante en la manera como direccionamos la agenda académica”, dice Yesica Prado, jefe de programación.

Por eso la invitación a los autores que participan en Fiesta es siempre a conversar, a hablar desde la propia experiencia, a tener presente, por compleja que sea la materia o erudito que sea el personaje, el átomo humano. Se les comparte —desde el respeto por las formas del discurso de cada uno— que este es un evento de promoción de lectura y que la idea es que si un ciudadano cualquiera aterriza por casualidad en una charla pueda salir de ahí con algo valioso para su propia realidad.

“El hecho de que la Fiesta del Libro sea una apuesta pública desde lo cultural y lo educativo le da un toque distinto. Se siente que hay un proceso de formación de lectores de largo plazo, que no solo se trata de vender libros, sino de trabajar alrededor de todos los elementos que configuran el acceso a éste. Como autora he tenido la experiencia de lecturas muy cuidadosas, siente uno que cuando hace un encuentro en Medellín hay un público que ha leído los libros y eso es muy bonito. Se nota que no es cosa de un día o de los días de Fiesta, sino que hay un trabajo muy fuerte detrás”, cuenta la escritora Yolanda Reyes.

Durante la décima versión de la Fiesta del Libro y la Cultura hubo 303 invitados nacionales, 50 internacionales, 101 lanzamientos de libros y 160 encuentros académicos. Entre estas actividades 46 fueron Charlas de la tarde, el momento central de la programación, en el que esas nuevas voces de la literatura y los personajes más interesantes que visitan el evento se reúnen con el público.

También 52 encuentros por proyectos especiales como el Salón del Libro Infantil, el Salón Iberoamericano del Libro Universitario, el Salón de Nuevas Lecturas, el Salón de Editoriales Independientes y la Ciudad invitada, que en esta ocasión fue la Medellín extremeña, localidad española con la que compartimos un nombre.

Las entidades aliadas, quienes en toda la historia de Fiesta han jugado un papel fundamental, pues desde las primeras versiones asumieron el compromiso de proponer y gestionar gran parte de la agenda académica del evento, también estuvieron presentes con 62 actividades. Y es gracias a estas entidades y a eventos amigos como Medellín Negro y el Seminario de Literatura Infantil y Juvenil, que se desarrollan en el marco de la Fiesta, que la oferta formativa es cada vez más vasta.

Sin embargo y con todo el crecimiento y vitalidad de que goza el componente académico, los retos siguen. “Mantener viva en la imagen de la gente a los escritores de la ciudad y mostrarles a los lectores que hay autores maravillosos rondando por ahí. Autores que no están en todos los medios de comunicación porque no se han ganado un Nobel de Literatura, pero que de pronto algún día se lo van a ganar porque son fantásticos. Además, renovación constante y seguir ampliando la invitación a personajes maravillosos e interesantísimos que tienen propuestas más allá del mundo de la literatura. Esos son nuestros principales retos”, expone Yesica Prado.

Con estos espacios académicos y con los cientos de invitados que año tras año visitan el evento para sumar sus voces a esta gran conversación pública, Fiesta del Libro se ha convertido en uno de los escenarios de intercambio del conocimiento, gestión del pensamiento y encuentro a partir de la palabra más interesantes que tienen Medellín y el país.

Fuente: Comunicaciones Fiesta del Libro




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