Dimite Sean Spicer, el portavoz de la Casa Blanca

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Según las primeras informaciones, el responsable de prensa tiene diferencias con Trump sobre la estrategia de comunicación.

Un nuevo vendaval ha sacudido la Casa Blanca. El portavoz oficial, Sean Spicer, ha dimitido. Tras seis meses de presión máxima, errores y desavenencias con el vertiginoso presidente, la voz pública de la Administración se ha retirado de un campo que nunca le fue propicio. Aunque el motivo oficial haya sido su oposición a la entrada de un director de comunicaciones, su salida culmina un largo y lento apagón. La caída de alguien que nunca fue querido por los medios. Ni tampoco por su jefe.

El desencanto fue casi inmediato. Al día siguiente mismo de la investidura, el presidente Donald Trump abroncó en privado a Spicer (Rhode Island, 1971) por lo que consideró su mala imagen. No le gustó ni el traje ni la corbata. Tampoco su forma de hablar. Desde entonces, la relaciones entre el portavoz y el mandatario republicano habían sido tormentosas, hasta el punto de que Trump no había ocultado su distancia e incluso llegó a comentar que sólo lo mantenía en el puesto por “los altos índices de audiencia” de sus comparecencias.

Spicer nunca protestó en público. Pero el cortocircuito era evidente. Desde hacía dos meses, las tradicionales comparecencias públicas del portavoz se habían reducido hasta el punto de desaparecer de la pantalla semanas enteras. Los fallos cometidos por Spicer, quien llegó asegurar que Hitler no usó armas químicas, jugaron en su contra. Ya el primer día se estrenó acusando a los medios críticos de haber mentido sobre la cifra de participantes en la investidura. De nada sirvieron las pruebas fotográficas que demostraban que había sido un acto con menos participación que su antecesor. Spicer siguió adelante con su cruzada y sus apariciones se volvieron un espectáculo taurino. No soportaba verse contradicho ni tampoco tenía cintura para contestar a los espinosas cuestiones que el presidente y su familia suscitaban a diario. A Jim Acosta de la CNN le espetó “tienes cero inteligencia” y a una periodista de ABC le recomendó que se comprara un diccionario.

Tenso, autoritario e incapaz de suscitar empatía, la distancia con los medios se fue agigantando a medida que pasaban los días. En este alejamiento participó activamente su patrón. Y no sólo por la adicción de Trump a los índices de audiencia y a la iconografía televisiva. Más de una vez, el presidente dejó a sus portavoces en evidencia. Acostumbrado a navegar solo y cambiar de rumbo cuando lo considera oportuno, el republicano ha pulverizado en cuestión de horas argumentarios largamente preparados por la Casa Blanca.
Así ocurrió al día siguiente de la explosiva destitución del director del FBI James Comey. El despido fue presentado por la Casa Blanca como una consecuencia directa de su errática actuación en el caso de los correos electrónicos de Hillary Clinton. Nada más hacerse pública esta versión, Trump rompió con lo dicho y admitió en una televisión que lo había echado por “esa cosa rusa”.

Bajo este continuo vendaval, Spicer intentó primero seguir en cubierta, pero poco a poco, ante los desaires del presidente y su propia incapacidad para conectar con la prensa, decidió quedarse entre bambalinas y dar mayor protagonismo a la portavoz adjunta, Sarah Huckabee Sanders. El paso atrás disgustó a Trump.
La tensión, siempre según las primeras versiones, estalló este viernes cuando el presidente decidió nombrar como director de comunicaciones de la Casa Blanca a Anthony Scaramucci, un financiero de Nueva York muy activo en la campaña. Amigo del presidente, de su hijo mayor y de su yerno, Scaramucci se ha distinguido por defender al republicano ante las cámaras de televisión. Hace dos semanas logró una retractación publica de CNN por una información falsa. Esta rectificación vino acompañada por la dimisión de tres periodistas, entre ellos, la del jefe de investigación de la cadena.

Este éxito le hizo ganar puntos ante Trump, quien esta mañana le citó en la Casa Blanca para comunicarle su nombramiento. Spicer consideró la medida una descalificación personal y, dada su oposición al candidato, presentó la dimisión.

No está claro que Scaramucci vaya a ocupar el puesto de portavoz. La dirección de Comunicaciones es un cargo más orgánico y de perfil estratégico. Su último ocupante, Mike Dubke, que dimitió a finales de mayo, apenas era conocido. Y su salida fue tomada en Washington como un asunto de segunda fila.
La entrada de Scaramucci tampoco presagia el final de las sacudidas en la Casa Blanca. La oposición demócrata ya ha puesto la mirada en él. Poco antes de que Trump fuese investido, el financiero vendió su hedge fund, SkyBridge Capital, a un conglomerado chino. Una venta que ha levantado suspicacias y que con seguridad será objeto de investigación.

Fuente: Diario El País España




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